Tania Zenteno-Savin - Noviembre 15, 1994

    Llevo como un mes en Antártica Y todo se me hace nuevo, todavía. A pesar de ver las mismas monta~as, la misma nieve, el mismo hielo, las mismas focas, cada d~a es una sorpresa y me asombro con la misma intensidad que durante mis primeros dias aqui. Por supuesto, ultimamente el clima ha estado mucho mejor. En estos momentos el sol esta flotando en el horizonte ('sto de que el sol esta siempre presente, que hay luz natural las 24 horas del día me encanta!) y las pocas nubes que hay son peque~as. De tan hermoso y casi perfecto, es como estar viviendo en medio de una postal o un cuadro. Creo que es la primera vez que veo al volcán Erebus desde nuestro campamento sin una sola nube enfrente, wow! La nieve tiene un color blanco-azuloso y brillante que no parece real. Con este clima yo misma encuentro absolutamente increible que hace diez dias que tuvimos la peor tormenta de nieve que he visto. Este lugar puede cambiar tan rápida y drásticamente... Son las cosas que alguien más te cuenta y que no puedes creer hasta que las vives. He de confesar que odio el viento, ese viento que a veces sopla tan fuerte que lo puedes oir, que hace que la casa de campa~a donde dormimos baile toda la noche, que a veces es tan frío que hasta me duelen las manos. Y sin embargo, hoy nos quitamos las chamarras para trabajar - claro que, como es costumbre, debajo de las chamarras llevabamos como 4 capas de ropa! Tampoco acabo de deshacerme de la incertidumbre que siento al pensar que estoy caminando sobre una capa de hielo de 3 metros de espesor, debajo de la cual hay agua de mar (que además esta muy fria); cada paso hay que darlo con cuidado, evitando las hondonadas, algunas de las cuales dan paso a espacios abiertos (algunos peque~os y otros muy profundos y peligrosos) y otras que, sobre todo estos dias que ha empezado a hacer "calor", abren directamente al mar. El trabajo tambi'n es increlble. No puedo decir que haya una cosa que me guste más que otra. Volar en helicópteros buscando focas es muy diferente a volar en aviones comerciales, mucho mejor! A veces volamos tan alto que los animales no son más que puntitos oscuros sobre la nieve, en ocasiones no podemos distinguir si son focas o rocas. Otras veces volamos bajo, a una altura en que no se asusten las focas, y entonces se les puede ver con mucho más detalle. Trabajar con los animales en si es lo máximo. La mayoría de los animales que vemos sobre el hielo son hembras con sus crías, focas jovenes y algunas hembras y machos solitarios. Las hembras tienden a protejer a sus beb's, sobre todo cuando estos son más peque~os; algunos de los bebes son muy curiosos y se acercan un poco a nosotros. Cuando están dormidos puedes acercarte despacio, sin hacer ruido, y acariciarlos. Pero cuidado cuando son mayores porque les crecen los dientes, se les tonifica~los musculos y, aún en el hielo, son muy ágiles y rápidos. Creo que lo que llevo más grabado en la memoria es estar acostada en la noche, cuando todo está callado y tranquilo, y oir los llamados de las focas (que, por cierto, tienen un repertorio muy amplio) y de pronto darme cuenta que algunos de esos sonidos provienen debajo del hielo donde está sentado nuestro campamento, que las focas están buceando en algun luqar debajo de mí.

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